Naturaleza urbana en sociedad

Parques de Nueva York y sus voluntarios

Vivimos en ciudades donde, con carácter general no hemos sabido incorporar con acierto la potencia del voluntariado. En esta ocasión Laura, se incorpora como nueva colaboradora en el blog y nos muestra desde su perspectiva, como desde una disciplina como el arte, puede construirse una propuesta sólida en torno al verde. Porque hay iniciativas que debemos conocer para impulsar y promover los cambios necesarios que nos desapalanquen de lo convencional, nuevos modos de construir sociedades urbanas mejores que se relacionen con la naturaleza de proximidad, pensando en verde.

NYC cuenta con casi 30.000 acres de terreno, unos 113 km2. Esto es el 14% de la ciudad de Nueva York, y en esta cifra se incluyen más de 5.000 propiedades, que van desde playas como Coney Island y Central Park o pequeños jardines comunitarios y Greenstreets (zonas verdes que adornan las calles). Parques de NYC opera más de 800 campos de atletismo, casi 1.000 parques de juego, 1.800 canchas de baloncesto, 550 pistas de tenis, 67 piscinas públicas, 51 centros de recreación, 15 casas de la Naturaleza, 14 campos de golf y 14 millas (22 km) de playas. Tienen 1.200 monumentos y 23 casas museo. Cuidan 600.000 árboles en las calles y más de dos millones en los parques.

Como la ciudad cuenta con menos de 3.000 empleados dedicados a la conservación, cuidado, limpieza y programación de los parques, el ayuntamiento tiene un sistema de captación de voluntarios que alivia la carga de trabajo y mejora la calidad de los parques a un bajo coste. Los Estados Unidos tienen mucha costumbre de hacer voluntariados, familias que van los fines de semana a ayudar con comedores comunitarios, jubilados que hacen de guías en museos y jardines botánicos, y así con un sinfín de oportunidades para utilizar el tiempo libre en algo constructivo.

El departamento de parques de la ciudad de Nueva York tiene varios programas para incentivar la captación de voluntarios, tanto para ayudar con limpiezas de parques, para organizar programación como conciertos, celebraciones anuales, replantar árboles y vigilar las playas, así como adoptar árboles urbanos, contar pájaros o dar clases gratuitas en alguno de los centros o los parques. Hay varios niveles de “Super Steward” o súper responsables, que coordinan a otros voluntarios en diferentes actividades. También hay un departamento dedicado exclusivamente a identificar miembros de la comunidad que potencialmente podrían ser unos buenos intermediarios entre los vecinos y el ayuntamiento para crear grupos de voluntarios más estables.

Desde Partnership for Parks, el departamento que se dedica a ayudar a individuos o grupos de vecinos a crear y solidificar los grupos de voluntarios que ayudan con la laboriosa tarea del cuidado de los parques, no solo ayudan con recursos sino que incluso tienen una gala anual donde dan premios a los grupos e individuos que más se han destacado por su labor durante ese año. A mi me dieron ese premio “The Golden Trowel Award” en 2013 por mi activismo en la comunidad y el trabajo que hice en Soundview Park.

En 2009 llegué a Nueva York con dos maletas y la ilusión de empezar de cero. Me tomó un tiempo, pero cuando empecé a entender como funciona la sociedad americana, me animé a participar en la vida cultural, hacer de voluntaria como asistente de artistas conocidos, a atender charlas en museos y organizaciones y a tratar de conocer a gente en el mundo del arte que es lo mío. En una de esas charlas conocí a un artista que trabajaba para ese departamento que ayuda a crear grupos de voluntarios para parques y me puso en contacto con otros miembros de la comunidad que estaban interesados en formar un grupo en un parque cercano a mi casa.

En un par de años pusimos en marcha el grupo, empezamos a construir un jardín de mariposas para meditación. Habilitamos un área del parque con plantas nativas y polinizadoras para atraer abejas, mariposas y otros insectos autóctonos. Yo aproveché para pedir un par de becas y crear un programa de verano para chavales de instituto, para aprender sobre diferentes aspectos de la naturaleza y llevarlo al aula para crear una obra de arte inspirada en lo aprendido ese día en el parque. Este parque es enorme y tiene acceso al Bronx River, el único río de agua dulce en Nueva York, y que se ha visto transformado durante los últimos 20 años gracias al impulso de diferentes grupos de vecinos cansados de que fuera la cloaca de la ciudad. Este proyecto fue el que me nominó para uno de los premios que se entregan a voluntarios en 2013. Con estos incentivos consiguen, no solo que los grupos sigan funcionando, sino reconocer que están haciendo un buen trabajo.

Una cosa llevó a otra y al final acabé trabajando para NYC Parks, el departamento de parques y recreación de la ciudad de Nueva York. Empecé creando clases relacionadas con el arte, y tras varios ascensos ahora coordino la programación cultural de la isla de Manhattan. Tenemos 13 centros recreativos (un híbrido entre gimnasios y centros culturales) y un montón de parques entre los que intentamos repartir los recursos que tenemos equitativamente. Por supuesto con la ayuda de grupos de voluntarios, porque sin ellos los parques de Nueva York no serían lo mismo.

Claudia Casanova

Licenciada en Económicas, traductora, editora y escritora

Artículos del autor